Los Knicks de Nueva York se consagran cada vez más como una de las sorpresas más alegres de la temporada 20-21. Tuvieron que pasar siete temporadas completas, jugadores promesa, decepciones y casi una década para que los neoyorkinos entreguen una primera mitad de calendario tan positiva como la que están viviendo.

Tanto el Jazz de Utah como los Suns de Phoenix asaltaron los primeros puestos del oeste (conferencia más apretada) dejando en asombro a la liga entera por su buen juego, pero el verdadero reconocimiento se inclina hacia el banquillo de Tom Thibodeau y compañía, quienes están logrando resucitar a una franquicia que se había convertido en un “cementerio de jugadores”.


Encontrar constancia

La regularidad es algo que había permanecido en desabasto por años dentro de la institución, tanto individual como colectivamente. Thibodeau movió las piezas necesarias desde el inicio de temporada y parece haber descifrado a sus dos cuadros balanceados con mucha rotación. 

En el caso de los titulares, Julius Randle se convirtió en el núcleo del equipo y el tiempo que pasa dentro de la duela lo respalda, siendo el tercer jugador de la actual campaña con más minutos disputados (36,55). Detrás de él, RJ Barret también ha sido fundamental para el rendimiento del equipo, con 16.4 ppp, 6 rpp y 2.9 app.

En el segundo cuadro, las cosas no son distintas, ya que las rotaciones comandadas por Tom están a la altura de las circunstancias, siendo Derrick Rose el líder de este lado de la moneda. El regreso de ´D-Rose´ a la franquicia manzanera reforzó a la plantilla notoriamente, repartiendo responsabilidades equitativamente y logrando un ritmo constante en los partidos. Aparte, Rose y ´Thibo´ tienen un largo camino recorrido y el entendimiento está más que demostrado. El porcentaje ganador del ´head coach´ registra un 63% con el chicano en su equipo, mientras que disminuye a un 46% sin él.


Cada jugador sabe cuál es su respectivo rol y cuándo deben apoyar a sus compañeros. Febrero fue un mes que reflejó los frutos de la constancia del equipo y del buen nivel que se abona individuamente, dejando un récord de 9-5. Por tercera vez en veinte años lograron cerrar un porcentaje ganador de más del 50% luego de rebasar los 35 duelos.

El factor Julius Randle

Después de tres temporadas, la Gran Manzana puede volver a presumir de tener a un All-Star en su roster. En su séptima temporada, Julius Randle decidió pisar a fondo el acelerador para promediar 23.1 ppp, 10.9 rpp, 5.5 app, 80.8% en tiros libres y 41.2% en triples. 

El texano lleva 10 encuentros anotando un mínimo de 20 puntos, 10 rebotes y 5 asistencias, hazaña no obtenida por ningún Knick desde hace más de diez años, con David Lee. Antes de que comenzara la campaña 20-21, Randle siquiera aparecía en la lista de 100 mejores jugadores de ESPN y ahora mantiene a su equipo en el quinto peldaño del este.



El toque de Thibodeau

La llegada del entrenador de 63 años fue el mayor acierto de Scott Perry. Desde el verano del año pasado, Tom presionó el botón de reset y ha trabajado en revivir la esencia del equipo. Tal como lo logró durante su estancia con los Rockets en la primera década del siglo, los Knicks poseen una de las mejores defensas del torneo. 

La institución de Manhattan lidera la estadística con menor cantidad de puntos por partido permitidos (104.4) y es se mantienen en el top 3 de escuadras con mayor cantidad de rebotes por partido (46.5), solo por detrás de Milwaukee y Utah.

Los dirigidos por Thibodeau mantienen un ritmo pausado y aprovechan cada segundo para mantener al balón en sus manos. Han encontrado un excelente mecanismo para defender y atacar la pintura, tan solo permiten 108.1 puntos cada 100 posesiones y el molesto 3 vs 1 es uno de los factores clave para generar esos números.


Literalmente, Tom, con la ayuda de Mike Woodson, le ha brindado una ´nueva cara vieja´ a los Knicks del 2021. El basquetbol de hoy en día se enfoca más en la velocidad y en los tiros de larga distancia, dejando al pausado tempo de los neoyorkinos como un giro de 180 grados a las estrategias ajenas. Aunque, esto no quiere decir que no disparen desde la línea de tres. A pesar de ser uno de los equipos con menor media de intentos, sus tiradores principales (Quickley, Randle, Bullock y Burks) no bajan su porcentaje de 38%.

Nueva Sangre

La suerte se puso del lado de Nueva York en el Draft del pasado 2020 y llegaron Obi Toppin (pick 8) y Immanuel Quickley (pick 25) a las filas de la ciudad que nuca duerme. Hasta el momento, Quickley ha tenido un mayor impacto en el equipo, aportando 12.6 ppp, 2.3 rpp y 2.4 app en tan solo 19,3 minutos por juego. Incluso es el rookie con más partidos de 25 unidades (4).

Obi Toppin, por el otro lado, no ha visto mucha oportunidad debido al excelente nivel que está mostrando la plantilla, pero los buenos destellos del rookie mientras pisa la duela mantiene la ilusión de un buen desarrollo a futuro (Toppin participará en el concurso de mates del 7 de marzo).


El futuro

De seguir así, podemos estar presenciando el inicio de una nueva faceta competitiva de los Knicks. La última vez que se alcanzaron a palpar sensaciones y estadísticas similares fue con los Knicks de Carmelo Anthony a inicios de la década de los 2010´s. El proyecto promete para un futuro alegre, o al menos, de más emociones.

Lo comprometidos que están los jugadores puede reflejarse en los resultados y la química del equipo se aprecia en cada partido, exponiendo lo que su entrenador les transmite día a día. El balance entre novatos y experimentados también viene funcionando, sembrando la idea de que hay potencial en la franquicia para algunos años más y que lo de la 20-21 no fue un golpe de suerte.