El pasado fin de semana se cumplió un año de la llegada de Bruno Fernandes al Manchester United por la cantidad de 55 millones de euros. En su momento se llegó a hablar de una cifra elevada, ya que era un futbolista que venía de la Liga NOS; sin embargo, hoy en día, podemos confirmar que fue una ganga.

El portugués fue una inyección de liderazgo, talento y garra; características que brillaban por su ausencia en Old Trafford desde hace varios años. El mismo Ole Gunnar Solskjær, entrenador del equipo, dijo saber que tomó la decisión correcta al ficharlo luego del tercer partido de Fernandes con el equipo; En la ida de los dieciseisavos de final de la Europa League ante el Club Brugge, los Red Devils empataron a un gol de visita; con el tanto de visitante y la vuelta jugándose en casa, el plantel se veía conforme con el resultado, menos Bruno. El estratega noruego comentó que el mediocampista entró furioso al vestuario arrojando su playera en suelo y pidió a Solskjær ser titular en la vuelta, donde anotó en la victoria 5-0 en casa.


Bruno Fernandes llegó cuando el equipo era quinto en la tabla, a 36 puntos del líder Liverpool. Con él como uno de los titulares habituales, consiguió la clasificación a Champions League en la última fecha. Hoy son segundos en liga, a tan solo 4 puntos del liderato y son considerados candidatos al título. En la Champions portó el gafete de capitán del Manchester United por primera vez ante el PSG, tan sólo nueve meses después de su fichaje.

El futbolista de 26 años marcó 28 goles y dio 18 asistencias en 52 partidos durante su primer año en Inglaterra. Números exorbitantes para un mediocampista. En el proceso, también fue nombrado jugador del mes de la Premier League en cuatro ocasiones en un año calendario (febrero, junio, noviembre y diciembre). Récord histórico.


El cielo es el límite para Bruno Fernandes. El valor de mercado del ex Sporting se ha duplicado y los seguidores del Manchester United piden a gritos su capitanía por encima de Harry Maguire y parece estar destinado a convertirse en el próximo gran ídolo del equipo.